miércoles, 27 de febrero de 2013

La Dignidad

Somos dignos; teniendo una actitud positiva hacia uno mismo y hacia los demás. Si valores como el respeto, la tolerancia, la justicia, la libertad, la solidaridad, se aplican día a día, somos seres dignos, nos conocemos a sí mismo, nuestras necesidades, capacidades, defectos y sentimientos. Así, somos capaces de identificar lo que no puede cambiar y trabajar duro en lo que sí puede.
somos dignos porque nos valoramos y nos sentimos bien con nuestra manera de ser y de pensar. La dignidad y la autoestima siempre van de la mano.



Para ser dignos...
  1. Sabemos que somos merecedores de amor y respeto. Reconocemos que importamos y que tenemos valor porque existimos.
  2.  Podemos conducirnos a nosotros mismos y controlar lo que nos rodea eficientemente.
  3. Reconocemos que tenemos algo valioso que dar a los demás. Respetamos y nos damos a respetar.
  4. Podemos perder la dignidad si.
    1. Creemos que estamos destinados a sufrir.
    1. No merecemos amor ni ser felices.
    1. Le tenemos miedo al éxito.
     Buscamos que los demás aprueben siempre lo que hacemos.Sentimos envidia ante la gente que triunfa. No confiamos en nuestras propias ideas.Admitir que nos equivocamos nos hace sentir menos que los demás. No sabemos decir "sí" cuando es necesario y "no" cuando es debido. Obstáculos para la dignidad Si nos comparan constantemente con otras personas de mayor éxito.Si nos condicionan el amor que recibimos.Si recibimos más críticas que elogios.Si no aceptan nuestros sentimientos o nos impiden expresarlos.Si no nos permiten hacer cosas de las que somos capaces.Si abusan de nosotros física o emocionalmente, con palabras hirientes, pues éstas tienen el poder de construir o destruir el respeto que debemos tenernos

Video de Agradecimiento


El Agradecimiento


Somos agradecidos hacia  las demás  personas cuando nos sentimos en deuda con ella porque le ha procurado algún bien, le ha prestado un servicio o le ha hecho algún regalo.
Ser agradecidos nos alegran por los bienes recibidos, los reconocemos y estamos dispuestos a corresponderlos.
No se trata de devolver favor con favor ni regalo con regalo, sino de sentir y expresar admiración y gratitud por las calidades humanas de quienes nos honran con sus dones.
Cada uno tenemos siempre mucho que agradecer, y cuidar lo recibido es una forma de hacer evidente nuestro reconocimiento. 

Entre los bienes que más agradecemos como personas es la vida, la salud, la amistad, la lealtad y las enseñanzas de sus antecesores.
La gratitud y el reconocimiento son los mejores regalos que podemos recibir como personas en cualquier época y lugar del mundo.



La alegría de dar las gracias  

En los seres humanos la expresión del agradecimiento adopta las formas más encantadoras, variadas y curiosas. Cada cultura tiene las suyas, pero hay unas que son comunes a todas, como la sonrisa, el abrazo, el apretón de manos, los besos y la inclinación de cabeza, entre muchas otras.
Lo mismo sucede en el terreno del lenguaje. Hay idiomas que no dominamos en absoluto, cuyos sonidos nos son completamente desconocidos y extraños y, sin embargo, sabemos decir “gracias” en ellos.
Esto es así porque el agradecimiento está por encima de las barreras culturales, idiomáticas, raciales, geográficas.

Dar las gracias es, sin duda, uno de los gestos más alegres, universales y hermosos de que es capaz el ser humano.

La Justicia


Como familia teresiana hacemos justicia que consiste en conocer, respetar y hacer valer los derechos de cada uno de nosotros como seres humanos .
 Honramos a los que han sido buenos con nosotros, reconocemos los méritos de un buen estudiante o un abnegado colaborador son, entre otros, actos de justicia, porque damos a cada cual lo que merece y lo necesita para desarrollarse plenamente y vivir con dignidad. 
Así como ser justos implica reconocer, aplaudir y fomentar las buenas acciones y las buenas causas, también implica condenar todos aquellos comportamientos que hacen daño cada uno de nosotros o a la sociedad y así velar por que los responsables sean debidamente castigados por las autoridades correspondientes.

Reflexión
EL CUERVO VANIDOSO   

Un día Júpiter decidió elegir un rey entre las aves y ordenó que comparecieran todas ante él, para decidir cuál era la más bella.
Un cuervo poco agraciado y ciegamente vanidoso, se propuso alzarse con el título a como diera lugar. Lo primero que pensó fue en sacar de la competencia a los candidatos más opcionados, como el papagayo, el pavo real, el guacamayo y el ave del paraíso.
«Si le robo los huevos de sus nidos el día de la elección, los mantendré ocupados, buscándolos y no podrán asistir, ¡eso es!!», pensó riéndose con su chillido característico.
Pasó varios días acechando los nidos de sus rivales, mientras diseñaba su plan. Cuando puso patas y pico a las obras. Lo que no calculó fue que los huevos de estos pájaros eran muy grandes que ni siquiera podía levantarlos, «¿qué voy a hacer ahora?», graznó contrariado, mientras picoteaba con rabia un puñado de plumas de papagayo. ¡ Ya sé ¡ exclamó con un chillido de júbilo. Voy a robarme las mejores plumas de todos los nidos y me las voy a poner entre las mías, así no puedo perder.
El día del concurso, Júpiter hizo desfilar a los pájaros, y al ver el espectacular atavío del cuervo lo declaró rey.
Terriblemente enfadados al descubrir que el plumaje del ganador era robado los demás pájaros se lanzaron sobre él y le quitaron una a una las plumas con las que había pretendido engañar a todos.
Júpiter, decepcionado, lo despejó de inmediato del título, no sin recalcarle que la justicia se había impuesto y el mismo se había buscado lo que acababa de pasar

La Bondad

Como teresianos conservamos el valor de la bondad que es  la disposición permanente a hacer el bien, de manera amable, generosa y firme. Como personas bondadosas sentimos un gran respeto por nuestros semejantes y nos preocupamos por su bienestar. 
Si alguien no esta en buena situación y necesita ayuda, tenemos la disposición de ofrecérsela, y  hacerlo sin ofender, amorosamente y poniendo un gran interés en ello.
Ser bondadosos, no quiere decir ser blando, sumiso, ingenuo o sin carácter, como a veces se cree. Al contrario,  nos distinguimos por nuestra fuerte personalidad, la cual se traduce en inagotables dosis de energía y optimismo, y se refleja en nuestra cálida sonrisa y los sentimientos de confianza, cariño y respeto que infunden en nuestro alrededor.

Vídeo de la BONDAD


martes, 26 de febrero de 2013

La Amistad

La amistad es un vínculo que proporciona la posibilidad de compartir experiencias, conocimientos en algunos momentos de nuestra vida medios económicos. 
Los lazos de amistad aumentan por medio de nuestro amor, dedicación  respeto, lealtad.
 
Un cristal fino donde nos reflejamos. Material en el que están hechos nuestros sueños. Son porciones de nuestros corazones que intentamos que no se rayen nunca.
Sin embargo, el amigo no es la persona que vemos. Es la persona que sentimos.


El buen amigo no anula al otro sino que lo potencia, es su compañero y un facilitador de sus posibilidades. Sufre cuando tu sufres y se alegra cuando tu te alegras. No es envidioso, ni prepotente ni se aprovecha de ti.

La amistad es una cajita de cristal. Pequeña, transparente, donde cada uno guardamos dentro todos nuestros pensamientos, ideas, cariño y amor.
Un amigo es más que una persona. Algo que no es físico, algo que siempre llevas. Es eso que recoges por el camino y guardas en tu cajita de cristal, cuidadosamente acomodado en su interior de terciopelo. Todo eso en lo que creemos, en lo que confiamos, en lo que sentimos.
Eso que más allá del mundo encuentras. Eso que te abraza cuando piensas que no puedes más. Algo que lamentas no ver. Porque el amigo no se ve, no se toca, no se huele. Simplemente lo sentimos. Y, aunque se encuentre sentado a nuestro lado, nunca lo vemos como la materia física que es. Su esencia oculta entre los pliegues del terciopelo de tu nuestra cajita de cristal.
A veces lo miramos a los ojos. A veces sentimos su presencia.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=Q3Q7IY9twH4



La Tolerancia

Como familia teresiana tenemos el valor de comprender que se trata de ver con "naturalidad" los actos y sentimientos de los demás, es la conciencia de nuestra fragilidad, la convicción de saber que podemos caer en la misma situación, de cometer los mismos errores y de dejarnos llevar por el arrebato de los sentimientos. De esa misma manera podemos ayudar a las demás personas cuando lo necesitan.

El comprender no se debe confundir con un "sentirse igual" que los demás, la comprensión  es un deber ser, un producto de la razón, de pensar en los demás, " de ponerse en los zapatos del otro", sin hacer diferencias entre las personas.

No podemos cambiar a las personas, pero si guiarlas, conducirlas didácticamente,  sugerir ciertas situaciones sin herir susceptibilidades, pero hasta ahí nada más.
Debemos  aceptar a las personas  dentro de su contexto, aceptarlas con virtudes, defectos,  errores e ingenios, risas, llantos, gestos, etc.